Antes del Viernes Santo

​Mirad que hermosa imagen. Mirad que bella estampa. Mirad el resultado de horas de trabajo con amor y arte, de devoción e ilusión. Mirad, pero no lo hagáis desde una foto; mirad, pero que no sea desde la distancia de un móvil u ordenador.

Todos tenemos marcados el Viernes Santo en el calendario apenas se inicia el año; con las uvas casi sin tragar empezamos a pensar en qué queda para que ese día amanezca radiante, luminoso y con el olor de la flor de primavera. Todos lo miramos en un almanaque, pero al Señor hay que visitarlo, a nuestra Señora hay que mirarla con una oración que más que a ellos, nos colme a nosotros.

Todos soñamos con cruzar la puerta de Santa María rumbo a las calles de una ciudad milenaria, pero antes de salir hay que traspasar esas hojas enormes de madera y hacerlo con alegría y seguridad; sin pereza  ni desaliento. Son de madera sí, como madera es la trabajadera del costalero y madera fue la cruz que llevó Jesús; la madera que da el amor,  la del Señor porque murió por nosotros, por ti y por mí también, la de la trabajadera porque el costalero sufre por el amor al Hijo de Dios que lo dio todo y a su madre, nuestra Madre, cuyo dolor nos duele, cuyo corazón traspasado es nuestro corazón, y la de la puerta de Santa María,  la de Santa María porque es la puerta a la Casa del Padre, porque en ella se respira ese amor en cada rinconcito, en cada pared y bancos, en cada losa y en cada imagen.

No hermanos, no. No mires esta escena desde este lugar, pues no te dirá gran cosa. Cruza el dintel, sin miedo a dejarte envolver por el amor; sin miedo a escuchar la palabra de nuestro capellán, sin miedo a confesar nuestros pecados y a presentarte limpio ante ellos.

Mírala, mira eso ojos llorosos que se posan ante su hijo inerte a sus pies y no permitas que sufra ni un segundo más. Mira su cuerpo muerto y su rostro sereno y no permitas que su sacrificio haya sido en vano. Ponte ante ellos y diles, con mucho amor,  ¡aquí estoy! Que no me aparto del camino, que cuando voy en tu senda en Viernes Santo quiero guiarte e iluminarte, pero antes necesito de tu luz y voy a encenderla en los días de este QUINARIO que hago por vosotros; de este QUINARIO que nos sirve para limpiar nuestro corazón y alma; de este QUINARIO que es el mejor sitio para preparar esa salida. 

No dejes que solo la hermosa música del concierto sea la que te arrastre a traspasar el dintel, no dejes que algo tan hermoso como la música, la oración con unos sentidos acordes, sea tu única motivación. 

Vive y deja que la vida verdadera del mensaje de Cristo entre en tu interior y experimenta un puntito de santidad al lado del Salvador. Entra abierto a Dios y la Madre te cojerá con su mano y te acercará al Padre.

Ven a estos días que restan del Quinario y verás, sentirás, como tú eres el afortunado.

J.E.Molina

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