Hace ya 10 años

Diez años hace ya que entrastes en nuestra Hermandad y nuestra vida, diez años desde que fuistes el mejor regalo para nuestra Madre de la Soledad Coronada.
Diez años no son nada y lo son todo, pues en estos años muchas cosas han cambiado en la historia de nuestra Hermandad y muchas cosas han cambiado en nuestras almas.
Y ahora nos disponemos a iniciar un nuevo Triduo en su honor, el décimo, y lo hacemos con, si cabe, mayor ilusión y fuerza que aquel día 22 de noviembre de 2008, y lo hacemos desde la certeza de que es la mejor manera de darle las gracias por todo lo que nos ha aportado en nuestras vidas; por todo lo que ha iluminado nuestros corazones.
Su mirada es serena, cual si estuviera dormido, la mirada de alguien que sabe que ha cumplido su misión para con todos los hombres, para la que fue concebido en el vientre de su Inmaculada Madre que ahora le contempla con los ojos de una madre que ha perdido a su hijo, pero ha ganado a la humanidad. Mirada  de alguien que es el Rey del Universo con todo el esplendor de su realeza, y que sufrió y murió en una cruz de madera olvidado o abandonado de casi todos los más cercanos. Humilde y casi solo, como lo fue su nacimiento que en breve celebraremos, y al mismo tiempo glorioso, y nosotros tenemos la oportunidad de estar con Él en este día, en el Santo Rosario que nos acerca a su Madre y en la Santa Misa que nos hace revivir su pasión y muerte.
“Aquí el Hijo de Dios”  escribió el escultor Jesús Méndez Lastrucci en la base de la Cruz, y fue un mensaje de llamada para todos, para que no le dejemos solo como en aquel día de primavera, para que nos acerquemos a esa cruz y vivamos con Él su celebración y grandeza.