El Dintel de Santa María 

​Poco a poco señores. Así es como debemos cruzar el dintel de Santa María, así es como debemos entrar en la casa de Dios, que es, al mismo tiempo, el hogar de nuestra Madre, el cobijo de nuestro Señor. Sí, ese que que cada Viernes Santo, embargados por un amor indescriptible es comienzo y final, alfa y omega, de una maravillosa jornada que todos anhelamos, buscamos y, por que no decirlo, disfrutamos; es el sitio donde encontramos el Reino de Dios y hacemos de su Gloria un paseo por las calles de nuestra ciudad.

Menos paso. Así es, muy lento es el cruzar el dintel de Santa María, para que nos pueda invadir también todo ese amor que nuestra Madre, que el Hijo del Hombre, es capaz de darnos. Para que nos inunde toda su gracia y llene nuestra alma, para que limpie nuestros corazones, para que nos renueve. Así, muy poquito a poco, como el rachear de de un costalero, como el paso sentido de un nazareno, como ese andar de una mujer con mantilla, pero con la misma seguridad y fuerza, con la misma convicción y amor.

Así nos quieren ver en sus cultos, en las celebraciones que se ganen en su honor, en esos días que también son de fiesta y que nos ayudan a cargar esas batería tan necesitadas de ilusión.

Dad un oportunidad a Dios, al que llegamos a través de nuestro Señor descendiendo de la Cruz y de la Madre, nuestra Madre, que en su Soledad es capaz de llamarnos y cobijarnos. Así se mueven las cosas de Dios, muy poquito a poco, finas, elegantes, sentida.

Hoy, último día del Triduo, es un buen momento para hacerlo, para vivirlo, para sentirlo, para llenarnos de la Gracia, muy poquito a poco.

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