¡A esta es!

llamador soledad

A esa hora, en ese día y lugar es cuando comienza el andar de ese sueño que año tras año nos lleva a unir nuestras miradas, nuestros cuerpos, sentimientos, ilusión y devoción; cuando se empiezan a escribir las primeras páginas de ese hermoso libro que letra a letra, párrafo a párrafo, nos conducen a realizar esa catequesis por las calles de nuestra querida Alcalá; que nos llevará a vivir el Triduo Pascual. Así, con esa escritura reposada del amanuense que traza nuestra historia, muy despacio, con el cuidado del que ama lo que hace, pero con la firmeza del que sabe lo que quiere hacer, del que ofrece su vida, cuando esta no es importante, pero que adquiere verdadero valor en la medida que su entrega silenciosa y sacrificada se ofrece sin más ambición que ser esos humildes pies del Señor, nuestro Padre, y de la Madre, nuestra Madre.
Así es nuestro andar también, el andar sencillo del que quiere compartir una parte del calvario; así es nuestro caminar, como una oración que nace con el amor que emana de sudor y el dolor; así se mueve un paso con esa bacilante mecida que asemeja el trazo de la pluma sobre el papiro, pero que quiere ser un cirineo y lentamente llevar su cruz.

El domingo empieza otro año, que no será igual como ninguno lo es; el domingo, al mirarle a los ojos a tu hermano, al abrazarle, sentirás la fraternidad del que CREE y ha recibido esa bendición, y volverás a vivir esos mágicos instantes que te acercan a Dios y te ayudan en tu día a día.

Aprovechemos la gracia que recibimos y una vez más honremos nuestro trabajo, seamos y vivamos hermandad y así seremos dignos de nuestro Señor y de su Santísima Madre, así podremos contemplar esa sonrisa en sus rostros del que está orgulloso de dos hijos.

Sí, ¡a esa es! Vamos capataz, manda al paso y empecemos a buscar la senda que nos lleve al Reino.

J.E.Molina

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